El fénix despliega sus alas

Sep 26th, 2020 | By | Category: Charlas con el Maestro

– ¿Alguien tiene novedades de los incendios en Córdoba? –preguntó el Maestro-. ¿Cayeron lluvias allí?

– Los incendios ya están controlados y apagados, excepto algunos focos –respondió Rafael–. Pero todavía no llovió. Lamentablemente con estos incendios se destruyó mucho del bosque nativo, con su flora y fauna.

– En este año 2020 hubo tantos desastres… –dijo el Maestro–. Hoy la lluvia ayudará a limpiar la plaza para que la semana que viene haya mejor aire y todo esté más preparado para iniciar nuestra práctica.

Hace unos días les mandé unos videos. En uno de ellos se ve una variedad del pavo real, nosotros la llamamos “fenix”. Dicen que en el mundo quedan muy pocos ejemplares, casi cien. Es un ave hermosa: cuando abre la cola, parece un pavo real.  Para nosotros, cuando un muchacho quiere casarse, se le llama “fenix macho”, porque es un muy buen animal, con mucha suerte. A la hembra le decimos “fong”, al macho “huang”. Cuando se casan los dos se unen y queda todo muy bien (en chino, al ave fenix se la llama “fong huang”, 鳳凰). Estas palabras indican felicidad para el matrimonio.

El otro video es sobre golondrinas. Al volar, marcan en el cielo como si fuera un ideograma chino. En otro video, una víbora de 5 metros caza un cocodrilo, los dos luchan, y la víbora finalmente abre su boca y logra comer y tragar al cocodrilo. Eso ocurrió mientras un investigador estaba en un bosque en Asia. El investigador aprovechó la oportunidad, anestesió a la víbora y se la llevó para investigarla. Hizo radiografías y vio que el cocodrilo se había disuelto completamente, incluso los huesos. Esto ayuda a entender lo fuertes que son los líquidos que hay en el estómago. Por eso, siempre digo que si al hacer acupuntura una punta de la aguja queda en el cuerpo, en una semana se disuelve todo.

La víbora tiene miedo del sapo. Porque el sapo le resulta venenoso. Nuestra saliva por ejemplo es venenosa para los gansos. Por eso en la Naturaleza hay muchas cosas para aprender, cosas que en la educación formal no se pueden aprender.

Cuando volvamos a la plaza, hay que practicar con fuerza y energía, aunque haya pasado mucho tiempo.

-Quería hacer una pregunta que surgió hoy durante la lectura de su libro –dijo Daniel–. En la página 178 hay una parte que dice: “durante el proceso de la práctica debemos meditar para contemplar los distintos grados de sufrimiento y pensar cómo ayudar a la gente”. ¿Podría hablar más sobre este tema?

-Alguna gente carece de paciencia para practicar –respondió el Maestro–. O al practicar al principio siente dolores musculares.  Cuando yo comencé a practicar pakua, la primera clase luego de hacer 2000 pasos me dolían tanto los músculos de las piernas que apenas pude subir una escalera. Por eso la práctica ayuda a mejorar a las personas. Se da un sufrimiento al principio, pero luego se va acostumbrando: a medida que avanza en la práctica, se va mejorando y se empieza a disfrutar. Esto estimula a mejorar, y calma la mente porque uno no piensa y piensa, lo cual solo genera preocupaciones y ansiedad. Por eso si uno piensa al practicar cómo ayudar a la gente, quizá no es ayuda directa, pero al entenderse uno mismo, puede ayudar a otros. Lo mismo ocurre en la lectura del libro: cada uno entiende algo y puede compartirlo con los demás. Esto ocurre en todos los niveles humanos, también en el colegio, cuando los chicos estudian en grupo y van compartiendo lo que estudian. Aunque 10 personas lean un mismo texto, seguramente todas encuentren distintas interpretaciones y explicaciones. Por eso al juntarse pueden armar una explicación mejor.

Aprovecho para contarles sobre la ayuda. Ayudar en forma directa con materiales, ese es el primer paso. Avanzando, se puede ayudar de otra forma. Hasta sin forma se puede brindar ayuda. Por ejemplo, ahora recitamos el mantra para alguien que necesita más energía: con solo concentrarse en su nombre y su imagen en la mente, sin siquiera avisarle, ya lo ayuda. Es un mejor nivel de ayuda, no hace falta ayudar siempre uno a uno. Cuando uno logra fortalecer su energía y su mente, uno solo puede ayudar a mucha gente. Esta es la base de nuestra práctica.

Siempre les dije, para mí cualquier libro siempre sirve. Porque buscando adentro, aunque sea una palabra sale la esencia. Recitando sutras o leyendo la Biblia, hay que buscar la esencia. Finalmente siempre hay un punto o palabra, la esencia, donde está lo principal.

-Quisiera hacerle una pregunta –dijo Ariel–. Tengo dos hijos de 12 y 10 años, les gusta mucho hacer deportes y ejercicios pero con la cuarentena están mucho tiempo encerrados con la computadora. Ahora estamos tratando de que hagan más ejercicios, pero no quieren. ¿Tiene alguna sugerencia para incentivar a los chicos a que hagan ejercicio?

-Conviene acompañarlos jugando con ellos –respondió el Maestro–. Parece que están jugando, pero a la vez están haciendo ejercicios. ¿Recuerdan en la plaza, esa práctica de a tres personas, donde uno empujaba al del medio y el otro lo recibía? Otra forma: jugar a ser sapos, y saltar y saltar para fortalecer las piernas. Por eso, aunque haya un metro cuadrado, se puede saltar y ejercitar. No hace falta correr kilómetros y kilómetros. Hay que aprovechar el espacio que se tenga y ver qué se puede hacer. También pueden aprovechar que llega la primavera, salir al patio y que los chicos vean qué plantas brotan, cómo van abriendo las flores, para que aprendan otras cosas y estén un poco alejados de la computadora.

Con el tema de la cuarentena se ven otras cosas y se piensan diferentes soluciones. El ser humano es muy adaptable. Puede cambiar a cualquier forma, no es tan fijo.

Otras ideas de juego: con un hilo o soga atados a las piernas de uno a otro, intentar caminar juntos, aprender a sincronizarse para no caerse. Con eso se practica la concentración mientras se juega. Una vez fuimos a la casa de Carlos cerca de Pilar e hicimos ese juego. Otra vez en la casa de de los padres de Romina,  hicimos trabajos de fuerza entre los compañeros en el jardín. Angélica seguro lo recuerda. Cada uno llevó una soga o cinta y nos atamos unos a otros, teníamos que caminar juntos como un ciempiés. Algunos caminaban más rápido, otros más lento, y debían adaptarse al paso del otro. Por eso, en solo un metro cuadrado se puede incluso practicar tai chi. Hay muchas cosas que se pueden hacer, no hace falta tanto espacio. Eso estimula nuestra mente para aprovechar lo que tenemos, el espacio, etc.

-Con respecto a lo que decía Ariel –comentó Federico–, yo trabajo con adolescentes, y veo que ellos prefieren quedarse en su casa y no salir, ni siquiera a pasear o moverse. Para los padres es un desafío poder motivarlos a salir y ejercitarse.

-Cierto –dijo el Maestro–. Una vez fui a un Hogar de Niños en Pilar. Los chicos eran muy inquietos. Les propuse hacer meditación: al principio no aceptaron. Pero luego les propuse que en un minuto piensen qué pasó en el colegio durante la semana. Al tener un tema para que la mente busque, el chico queda quieto. Si uno simplemente le dice que se quede quieto, es imposible. Por eso, siempre hay una forma para hacer, hay que saber buscarla.

-Siempre es posible encontrar una forma para explicar o enseñar. Por eso siempre conviene aprender una forma que pueda luego ser utilizada en muchos casos diferentes, ya que no podemos aprender formas distintas para cada caso. Con todos estos juegos se aprovecha a practicar, a estimular el cerebro y coordinar las extremidades del cuerpo.

-Respecto de nuestra práctica –dijo Horacio–, usted siempre dice que tenemos que desarrollar la sensibilidad. ¿Podría hablarnos de esa sensibilidad?

-¿Cómo aumentar el nivel de sensibilidad? Con concentración –dijo el Maestro–. Y la concentración la aumentamos pensando en los detalles pequeños, moviendo el cuerpo en unidad. Cuando nos acostumbramos a la sensibilidad, nuestra vista acompaña naturalmente todo el tiempo a nuestros movimientos. De esa forma nuestro cuerpo se vuelve más sensible. Practicando lento, con detalles, teniendo en cuenta el ángulo. Hace unos días le comentaba a Horacio que al empezar la forma de taichi, nuestros pies deben estar a 80 grados, no a 90, para estar más cómodos. Cada uno debe saber exacto las medidas y eso con la práctica puede aplicarlo a muchas cosas. Eso también es sensibilidad. Por eso los detalles pequeños son tan importantes. Al principio yo enseñaba pakua y un muchacho me preguntaba cómo podía tener tanta paciencia: los acompañaba treinta veces a hacer un mismo ejercicio. Yo le respondí que quería que aprendieran bien, con exactitud: no más o menos.

Hay que aprovechar esta vida para quitar las malas costumbres, de lo contrario en las vidas futuras esas costumbres empeoran cada vez más. Por eso es bueno que un maestro, con paciencia, lo acompañe para corregir, porque solo es muy difícil.

Cada uno si descubre una duda, trate de compartirla en el grupo, para que todos aprovechen la explicación. Eso es muy bueno y positivo. A veces es bueno preguntar no solo por uno, sino pensando en que todo el grupo mejore.

-Lo que hacíamos en lo de Carlos y Romina era aprender a trabajar con el otro, no solo –dijo Angélica–.

-Hay que practicar cómo lograr en grupo una unidad –dijo el Maestro–, que se vea una armonía en los movimientos en conjunto. Debemos controlar nuestra mente, no apurarnos, ver a nuestros compañeros para ajustar los movimientos y lograr esa armonía y sincronización.

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Resumen de la video-conferencia del Maestro Chao Piao Sheng del 26 de septiembre de 2020.
Desgrabación: Andrés Coratella

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