Zoe

May 19th, 2018 | By | Category: Charlas con el Maestro

-El Maestro escribió contando que está muy bien y muy ocupado -dije, después de los ejercicios de tao yin-. Está dando conferencias y entrevistas y otras actividades vinculadas con la publicación de “Vibrando con la Naturaleza” en Taiwán. También transmitió su agradecimiento hacia Cinthia, que cuida su casa; Gastón, que cuida el estudio; Horacio, Darío y Eugenio, que acompañan a los alumnos más nuevos. Para hoy elegí un texto de “Bajo el árbol” que habla sobre la soberbia.

Sobre la soberbia
–Maestro, ¿cuál es el signifcado del mantra que recitamos al principio de la clase? –preguntó una alumna nueva.
–La traducción exacta de las palabras del mantra no es importante –dijo el Maestro–; lo importante es lo que hacemos con nuestro cuerpo, mente y espíritu cuando lo recitamos. Unimos nuestras palmas a la altura del corazón, y el sonido que producimos al soltar el aire de manera controlada y continua genera una vibración que es recogida por las manos y emitida hacia afuera. Es una energía de amor y compasión hacia todos los seres vivos.
–La mente está totalmente concentrada en la sonoridad del mantra y se va aquietando cada vez más. La repetición del mantra genera a nuestro alrededor un campo de energía positiva que ayuda a repeler la mala energía y los pensamientos negativos.
–Cuando se recita el mantra con total concentración, se produce una conexión entre el practicante y el Universo. Eso brinda una enorme paz interior y mucha energía.
–Pero todo esto funciona si se lo practica cotidianamente. Si uno no
tiene el entrenamiento de recitar el mantra todos los días, le va a servir de poco cuando lo quiera usar en una situación de emergencia.
–Yo recito el mantra en todo momento: cuando estoy manejando,
cuando camino por la calle –dijo María.
–A veces uno vive situaciones que le generan miedo, angustia. Cuando uno se ve dominado por estas emociones es muy difícil pensar con claridad y reaccionar correctamente. Esos son momentos en los que uno también es más vulnerable a las malas energías. Por eso es importante aprender a recitar el mantra: para protegerse de la energía negativa, para recuperar la calma y poder tomar buenas decisiones.
–Las malas energías son como demonios que tratan de entrar dentro de la gente en los momentos de vulnerabilidad. A veces adoptan apariencias atractivas. Un alumno me contó que estaba con su novia en el dormitorio y ambos vieron una luz que atravesaba la habitación. Me preguntó si podía tratarse de Buda. Yo le dije que Buda no suele aparecer en el dormitorio, que seguramente era otro tipo de energía.
–Las malas energías están siempre al acecho. La soberbia suele abrirle la puerta a todas las malas energías. Un día un alumno me dijo: “¿Sabe, Maestro? Hace cinco años que vengo tomando un vaso de jugo de naranja todas las mañanas, y desde entonces que no me enfermo.” Un par de días después contrajo una fuerte gripe.
–Tuve otro alumno que tenía una perspectiva equivocada sobre la
práctica espiritual: creía que como él practicaba con seriedad, el Universo lo iba a proteger y que por lo tanto no necesitaba cuidarse a sí mismo. Esa es otra forma de soberbia. Para poder desarrollar el espíritu necesitamos tener un cuerpo física y mentalmente sano. Necesitamos comer todos los días, vestirnos y tener un sitio donde vivir. Este tipo de necesidades no se pueden ignorar o subestimar. Este alumno despreciaba el dinero, y cuando yo le explicaba que el dinero no debe ser despreciado, se enojaba conmigo y me retaba diciendo: “El dinero es malo; no hablemos de dinero.” En esta modalidad de no atender cuestiones materiales básicas,
este alumno tampoco tomaba precauciones de seguridad elementales, y en dos oportunidades entraron ladrones a su casa, robándole muchas cosas y provocándole muchos trastornos.
–El dinero no es ni bueno ni malo. Lo malo es lo que alguna gente
hace con el dinero. Si uno gana mucho dinero y lo utiliza para ayudar a los necesitados y para aliviar el sufrimiento ajeno, ese es dinero bien usado. No se trata de ser codicioso, pero hay que saber que no somos dioses. Somos seres humanos con necesidades básicas que satisfacer, y para eso necesitamos dinero. Creer que la práctica espiritual nos libera de las necesidades y vulnerabilidades elementales de la existencia material es una forma de soberbia.
–Había en Taiwán un señor que era famoso por su fuerza. En exhibiciones públicas mostraba cómo un camión pasaba por encima de su cuerpo sin hacerle daño. También era capaz de levantar a otra persona por encima de su cabeza con un solo brazo. En las entrevistas, él decía que era tan fuerte y sano que jamás se enfermaba. Pero un día contrajo un tipo de gripe muy agresiva. Su salud se deterioró mucho y debió tomar remedios que los debilitaron más todavía. Un día que había bebido alcohol, perdió el equilibrio, se cayó de un primer piso y falleció.
–Les voy a contar otra historia. Había un hombre al que, al nacer, los astrólogos le habían pronosticado apenas 20 años de vida. El hombre dedicó su vida a hacer el bien y a la buena práctica. Al ver tan buena conducta, los Ocho Inmortales decidieron regalarle cien años más de vida cada uno. El hombre vivió entonces muchos años. Mientras tanto, en el Infierno, el Diablo le decía a un ayudante: “Hay un hombre que debería haber venido aquí hace mucho tiempo pero todavía no llegó. No sé dónde está, pero quiero que lo encuentres y me lo traigas. El ayudante del Diablo llegó
al mundo de los humanos y se puso a lavar carbón a la orilla del río. Un día pasó el hombre a su lado y le preguntó qué estaba haciendo. El ayudante del Diablo respondió: “Estoy lavando el carbón hasta dejarlo blanco.” El hombre se rió y dijo: “Es imposible que el carbón se vuelva blanco. Yo tengo 820 años y jamás vi una cosa así.” El ayudante del Diablo supo que ese era el hombre buscado y se lo llevó con él.
–Lo mejor es practicar en serio, en profundidad, con disciplina, paciencia y concentración, pero sin hacer alarde. La soberbia lleva a la caída.

 

-Este texto aborda muchos temas –dije-, pero quisiera enfocarme en el de la soberbia. A mí personalmente me pasó algo parecido a lo que cuenta el Maestro. Fue durante un invierno, un día me dije: “hace tiempo que llegó el frío y no me enfermé como otros años”. Inmediatamente pensé: “debe ser por mi práctica que cada año estoy más fuerte”. Al día siguiente caí en cama con una gripe que me volteó por más de una semana. Fue la soberbia de creerme un groso.

-Yo soy vegetariano y estoy contento de serlo. Si alguien me pregunta sobre el tema, trato de explicarle las enormes ventajas del vegetarianismo. El juzgar es algo inherente a la naturaleza humana. Todos juzgamos, a nosotros mismos y a los demás. Y varias veces me encontré juzgando a otras personas que comen carne como si yo fuera mejor o superior que ellos por ser vegetariano. Eso también es una forma de soberbia. Está muy bien tener ideas firmes sobre lo que es una buena alimentación pero, creerse mejor que otros por eso, es soberbia. Lo mismo ocurre con las ideas políticas o con el rango social.

-Mientras Daniel leía me acordé de lo que hablamos el sábado pasado –dijo Horacio-, sobre las pequeñas cosas. Decíamos que a esas pequeñas cosas no les prestamos atención. Algo parecido ocurre cuando empieza a surgir la soberbia dentro de uno. No la registramos, pero nos hace caer igual. Estamos distraídos y actuamos y hablamos sin darnos cuenta de las consecuencias de eso que decimos sobre los demás. Es tan fácil tropezarse y caer y apartarse del camino. El buen camino es difícil y uno a veces flaquea y se pregunta ¿para qué estoy haciendo esto? Basta una pequeña distracción para caer en la trampa de la soberbia. Hay que estar muy atentos y concentrados.

-Muchas veces le pregunté al Maestro sobre el juzgar a los demás –dijo Eugenio-. Juzgar es parte de la naturaleza humana, pero es muy raro que el Maestro diga “hacer eso está mal” o “hacer eso está bien”. Él suele decir “hacer eso no conviene”. Me parece muy sana esa opción.

-Es que si algo está prohibido, uno persiste –dijo Eva-. El “eso no conviene” te permite pensar y elegir. Volviendo al tema de la soberbia, ayer fui a la peluquería y me encontré con una pareja de taiwaneses que están esperando una beba. Les conté de nuestro Maestro y no lo conocían. Entonces, el hombre lo googleó y luego de leer sobre él, dijo: “es un hombre de conocimiento”. Les pregunté si ya habían elegido un nombre para su beba y la mujer  me respondió: “ella eligió Zoe”. Esa respuesta me sorprendió y pregunté más detalles. Me contaron que le hablaron a la beba y le dijeron que iban a enunciar varios nombres y que si alguno le gustaba, se moviera. Cuando dijeron “Zoe”, la beba empezó a moverse. Lo que vos dijiste sobre la soberbia me hizo pensar en que nosotros somos un poco soberbios al decidir qué nombre van a tener nuestros hijos.

-La herramienta que nos da el Maestro para frenar la soberbia es “disciplina, paciencia y concentración” –dijo Eugenio-. Como decía Horacio, cuando perdemos la concentración nos desviamos del buen camino y podemos llegar a perdernos. Para poder domar al tigre de la mente necesitamos usar la disciplina, la paciencia y la concentración.

-Creo que todas las enseñanzas del Maestro se pueden resumir en un concepto –dijo Horacio-: estar atentos en todo momento.

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Resumen de lo hablado durante la clase del 19 de mayo de 2018. Se prohíbe la reproducción total o parcial de este texto sin previa autorización del autor

One comment
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  1. GRACIAS DANIEL MUY INTERESANTE.
    PARA REFLEXIONAR Y OBSERVAR NUESTRO ACTUAR.
    CARIÑOS INGRID

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