Estilo Yüen Miao

Ago 2nd, 2025 | By | Category: Charlas con el Maestro

―Primero quisiera hacerles una pregunta ―dijo el Maestro―. Cuando hace mucho frío, ¿qué debemos hacer? Muchos quieren quedarse en la cama, quietos. Sin embargo, hay que seguir haciendo las actividades, hay que moverse. Nuestro cuerpo, con la actividad, genera energía. En cambio, si uno se queda quieto, se siente más el frío. Además, es muy importante respirar correctamente. Cuando hace más frío, hay que respirar más despacio. Esto se debe a que, dentro de nuestra nariz, se ajusta la temperatura del aire. Si respiramos rápido y hace demasiado frío, no se llega a ajustar bien dicha temperatura.

Por eso siempre les digo que deben observar con mucha atención a la Naturaleza, y entender cómo funciona, porque nosotros también formamos parte de ella. Entendiéndola bien, podemos entendernos a nosotros mismos.

Hace unos días operaron a Guillermina. Yo mandé un mensaje en el grupo para que recen por ella, y así lo hicimos todos. Ella contó después que había sentido mucho el rezo grupal, y además, ella misma recitó el mantra todo el tiempo, incluso al entrar al quirófano. Todo salió bien, y les cuento esto para que vean qué importante es orar en esos momentos. Ahora Angélica les va a leer el texto de hoy.

風水地理的庇祐

La predicción del maestro de fong shuei

Un maestro de fong shuei y geomancia observó la tumba de mi maestro y, al examinar el entorno que la rodeaba, notó que a unos cien metros a la izquierda había un templo. En la plaza del templo se había construido una enorme columna con dragones tallados —llamada «columna del dragón»— con muchas figuras de dragones. El maestro de fong shuei, al mirar detenidamente, dijo con determinación: “Según el fong shuei de esta tumba, el maestro Wang Shu-chin seguramente tendrá un discípulo destacado.” En ese momento, todos los discípulos que lo escuchamos no le dimos mayor importancia, solo lo tomamos como un comentario más. Pero, ¿quién lo diría? Dos años después, una madrugada a las cuatro y media, vi aparecer a mi maestro en un sueño. Me desperté de inmediato. En el sueño, el maestro me había dicho: “Debes ir al extranjero. Te enterarás del país al que debes ir cuando vayas a practicar tai chi chuan a la plaza.”

Al día siguiente fui a la plaza, como siempre, y, apenas puse un pie en nuestro sitio de práctica, se acercó a mí un alumno de 57 años, discípulo de un compañero de práctica mío, y me dijo que quería aprender digitopuntura. Me sorprendió muchísimo, ya que él era una persona con abundantes recursos económicos y podía encontrar a los mejores especialistas en ese arte sin ninguna dificultad. ¿Por qué quería aprender él mismo? Me explicó que estaba tramitando su inmigración a Argentina y temía que, al llegar a un lugar nuevo, sin conocer el idioma ni el entorno, si se enfermaba, no sabría qué hacer. Por eso, quería aprender a tratarse él mismo en caso de emergencia, para evitar que una dolencia leve se convirtiera en algo grave o incluso peligroso. Le dije que había pensado muy bien en todo. Luego le pregunté: “¿Quién te está ayudando con los trámites migratorios?” Me respondió que estaba haciendo los trámites en una oficina ubicada a solo dos calles de la plaza, y que al terminar la práctica me llevaría allí. Y así fue como se dio la oportunidad que me llevó a la Argentina. Todo este proceso ya lo conté anteriormente, así que no lo voy a repetir ahora.

Tal vez haya sido realmente la influencia del fong shuei del lugar donde descansa mi maestro: quizá esa energía próspera se volcó sobre mí. Pero aún me pregunto: ¿por qué mi maestro me eligió precisamente a mí? Nunca pude encontrar una razón clara. Él tenía muchos discípulos, varios de ellos más talentosos, con mayor habilidad y experiencia que yo. ¿Por qué, entonces, terminé siendo yo el elegido? Es algo que hasta hoy sigo sin entender.

Así que, para verificar las palabras del maestro de fong shuei, hace tres años decidí ir personalmente a buscar ese templo. Le pregunté al cuidador de dicho templo por la tumba del maestro Wang Shu-chin. Me dijo que estaba a unos cien metros a la derecha, oculta entre frondosos árboles. También me contó que Wang Shu-chin fue un gran maestro de pakua chang y de hsing-i chuan, uno de los artistas marciales más reconocidos de su época. La tumba está en un terreno de una hectárea, un lugar excelente desde el punto de vista del fong shuei. Desde la montaña donde está enterrado, se puede mirar hacia el continente, algo que fue uno de sus deseos en vida.

Cuando falleció mi maestro, nosotros, sus discípulos, buscamos junto a un maestro de fong shuei el mejor sitio para su descanso final. Después de mucho buscar, encontramos ese lugar, cerca de la columna del dragón del templo, impregnado con la energía del dragón —lo que es considerado como el mejor fong shuei posible. El maestro, alimentado por esa energía, se convirtió en inmortal. Nosotros, sus discípulos y sucesores, recibimos la protección y bendición tanto del maestro como de todos sus antecesores.

Ahora que tenemos en nuestras manos este sistema completo de artes marciales internas —el legado de nuestro maestro— debemos compartirlo con el mundo. Ese fue su mayor deseo. Por eso, día tras día hago todo lo posible para enseñarles a todos, y espero sinceramente que lo aprendan bien y lo puedan transmitir. Especialmente ustedes, los discípulos iniciados formalmente en la ceremonia de paizu, deben asumir la responsabilidad de continuar esta tradición. El gran maestro les estará agradecido, y también los protegerá y bendecirá, a ustedes y a todo aquel que practique con sinceridad.

Espero que todos puedan practicar con el corazón lleno de fe y gratitud. ¡Gracias a todos!

―Quisiera decir algo ―dijo Angélica―. En primer lugar, presentarles, para los que no las conozcan, a las hijas del Maestro y a su nieta, que vinieron desde Taiwán de visita. También está el yerno. A las chicas las conozco desde que eran chiquitas, una de ellas tenía dos años y medio cuando yo la conocí. Falta Cecilia, que está en México. Cuando yo iba al consultorio a estudiar acupuntura, las tres estaban jugando ahí. Hoy son unas excelentes personas, y las quiero mucho.

―A mi maestro, Wang Shu-chin, ustedes deben llamarlo sukong ―dijo el Maestro―, que sería algo así como «abuelo». Cuando ustedes pasan por la ceremonia de paizu, él los va a cuidar. Mi maestro a veces está en otros planetas, y otras veces está en el nuestro, cuidándolo. Una vez le dije a una alumna de chi kong: «Tenés que ir abajo de la tierra y buscar al sukong». Entonces me preguntó cómo debía buscarlo, y yo le dije que simplemente tenía que llamarlo, que ya se daría cuenta si estaba o no. Ella lo llamó, y su cuerpo comenzó a temblar: esa fue la respuesta de mi maestro a su llamada. Y es cierto, la energía del sukong es muy fuerte.

―Cuando leí el texto de hoy ―dijo Angélica―, se me representó la imagen del sukong, como si estuviera acá, en la plaza, con nosotros.

―Sí ―dijo el Maestro―. Fíjense: para ponerle un nombre a nuestro estilo de tai chi chuan, yo consulté con mi maestro para ver si estaba de acuerdo. Hubo varios nombres, algunos no los aceptó, hasta que quedó este: yüen miao. El carácter yüen hace referencia a lo circular, a lo completo. Mientras que miao significa mágico. Este nombre proviene de otro más largo: yüen chiao miao yong, aludiendo a una técnica muy buena. Ni en Taiwán ni en ninguna otra parte del mundo hay un estilo con este nombre, y es que es cierto: nuestro estilo es muy completo, con técnicas excelentes. No es casualidad que hayamos elegido este nombre.

―Maestro, ¿usted eligió el nombre? ―preguntó Camila― ¿Cómo fue que surgió?

―Sí, yo estuve buscando un nombre que explique y represente bien nuestro estilo ―dijo el Maestro―. Nombre y forma deben coincidir. Yo ya filmé toda la forma. Adentro está escrito el nombre de cada técnica.

Por eso hoy, que es día de tuei shou, vamos a explicar cómo se usa cada movimiento. Ustedes me pueden preguntar por algunos movimientos que les interesen, y yo les voy a mostrar su aplicación.


Resumen de las palabras del Maestro Chao Piao Sheng durante la clase del 26 de julio de 2025. Prohibida su reproducción sin autorización del autor.
Desgrabación: Andrés Coratella

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