Mis maestros

Ago 11th, 2025 | By | Category: Charlas con el Maestro

-Cada uno tiene su forma para hacer deporte o ejercicio para sanar su cuerpo –dijo el Maestro-. Algunos corren, otros caminan, otros elongan. Cada uno es distinto y el efecto que logran es diferente ¿Por qué? Los detalles pequeños son importantes. Van caminando y charlando, no prestan atención a su movilidad. Si uno se acostumbra a esto, la mente, los nervios y movilidad generan energía. Cuando utilizas más la mente, cargas cada vez más energía por su concentración. No solamente sanas el cuerpo, también sanas el espíritu, todo junto. Si uno sana el espíritu es diferente.  Cada vez distinto nivel de su vida.

En general la genta llama Buda. ¿Por qué llaman Buda? Buda no quiere decir una persona. Tampoco es ningún santo. Hay muchos niveles de santos distintos. Cada uno tiene adentro del corazón a su santo. Por eso no se llama santo y se llama Buda. Es diferente. Cuando se llega al nivel de Buda, se sabe todo. No hace falta aprender más. Pero nosotros no somos Buda, hay que aprender paso a paso.

El Santo está dentro de uno y es una guía en esta vida para hacer el bien. Tuve un alumno que su santo le indicó que “eso no se hace”. Frenó sus malos actos y malos pensamientos.  Si hay un poco de calma, el santo puede ayudar. Si hay demasiada, no. Por eso hay que mantener siempre al santo funcionando, que no se quede dormido. Entonces al practicar nosotros tenemos que tener cerca a nuestro santo, escucharlo, para que nos guíe. Por eso hay gente que camina y solo quiere la facilidad. No le interesa saber tanto. Si siempre quiere la facilidad, solo sanará el cuerpo y caerá en otro nivel. Hay gente que hace todo mal, pero su cuerpo está sano todavía. ¿Cuándo se muere qué pasa? Para otra vida se pregunta “¿Por qué vine acá?”. Después saben la respuesta. Por eso nuestra práctica es completa. Siempre todo junto. Por eso son tan importantes los detalles pequeños. Para que uno entienda su propio santo, como uno ayuda al santo, y el santo nos guía en nuestro camino.

Ahora vamos a leer un texto mío.

好因緣拜明師

Mis maestros

Hace unos días hablaba con mi yerno acerca de los maestros con los que había estudiado en mi vida. Y él me decía que todos ellos eran los maestros más renombrados de esa época. Me preguntó cómo era posible tener tanta suerte de encontrar tan buenos maestros. Le respondí que yo tampoco lo sabía; simplemente, distintas personas se fueron acercando a mí, de una manera o de otra, para presentarme a esos maestros.

Todo comenzó cuando quise aprender karate. Como recordarán, ya les conté alguna vez que decidí comparar tres dojos para ver cuál era el mejor. Me dirigí al primero, y luego de observar su práctica durante tres meses, llegué a comprender más o menos sus rutinas y técnicas, por lo que fui a preguntarle al maestro qué tenía de especial su estilo. Él me mostró algunas técnicas y me explicó bastantes cosas. Le agradecí y me fui a ver el segundo dojo. Lo mismo: tras tres meses de observación, ya entendía sus técnicas. Hice las mismas preguntas y luego fui al tercero. Lo observé casi tres meses y, como me gustó más, empecé a entrenar ahí. Practiqué por casi dos años. Un día, el maestro de ese dojo me dijo: “Los movimientos circulares en las técnicas de combate son muy poderosos.” Yo no entendí, en un primer momento, a qué se refería, pero tampoco le pregunté nada. Solo me quedé pensando qué serían esas técnicas circulares. Entonces le conté esto a algunos amigos y les pedí que me ayudaran a averiguar qué estilo usaba movimientos circulares.

Dos meses después, uno de ellos me dijo que en el parque de Taichung había un maestro que enseñaba pakua chang y que tenía una gran técnica; decían que nadie podía acercársele. Al día siguiente fui al parque a mirar la clase. Desde ese momento, dejé las clases de karate, pero seguí practicando por mi cuenta en casa. Me llevó un año y tres meses de observación poder comenzar formalmente a estudiar pakua chang. Los detalles de todo ese proceso ya se los conté anteriormente, así que no lo voy a repetir acá. Este fue el camino que me llevó a aprender pakua. Agradezco profundamente a ese maestro de karate, porque fue por esa frase que me abrió la puerta para encontrar esta disciplina. Esta fue la primera persona que se cruzó en mi vida para guiarme hacia un maestro.

Luego de fallecido mi maestro, un muchacho vino a nuestro lugar de práctica en la plaza de Taichung, diciendo que quería aprender tai chi chuan. Le dijimos que justo en ese momento estábamos practicando chan chuang, así que él se unió también a la práctica. Se incorporó al grupo sin problemas, quedándose quieto en una de las posiciones de chan chuang durante alrededor de cuarenta minutos. Sorprendido, le pregunté si alguna vez había practicado algo, y me dijo que no, que no había practicado ningún arte marcial. Al terminar la clase, le pregunté adónde vivía, y al darme su dirección, me di cuenta de que estaba seis cuadras antes de mi casa. Entonces fuimos juntos en la moto, y mientras viajábamos, le comenté mi sorpresa al ver lo bien que practicaba. Cuando llegamos a su casa, me invitó a entrar, y ahí me dijo que si quería podía golpearlo en la panza, para probar. Así lo hice, varias veces, y los golpes rebotaban todos, sin causarle ningún daño. Entonces le pregunté qué clase de práctica había hecho, y me dijo que practicaba hsi suei kong. Me sentí inmediatamente interesado por esa práctica, porque noté que el muchacho tenía mucha fortaleza gracias a ella. Fue así como comencé a practicar con el maestro Chiang Liang Chi, con quien no solo aprendí hsi suei kong, sino también electropuntura.

Después de eso, el maestro Wang Shu Chin se me apareció en un sueño para darme instrucciones, como ya les comenté. A partir de ahí, surgieron naturalmente muchas personas que me guiaron, presentándome buenas oportunidades. En 1990, cuando volví a Taiwán, un amigo de mi hermano de repente dijo que quería llevarnos a Taipéi a visitar a un maestro taoísta de la escuela Kunlun, considerado un patriarca. Allí aprendimos muchas enseñanzas perdidas del taoísmo, muy amplias y de gran riqueza, tales como medicina, artes marciales, astrología, geomancia y fong shuei, entre otras. Ese patriarca podía predecir muchas cosas del futuro. A través de él aprendí también muchas verdades profundas del taoísmo chino. Fue muy provechoso e inesperado, algo que nunca hubiera imaginado. Una vez más, alguien vino a buscarme para que yo aprendiera.

No mucho tiempo después, un hombre que había venido desde China y había abierto un negocio en Argentina también se ofreció como voluntario en la Fundación Tzu Chi, y siempre estaba a mi lado en las tareas que desarrollábamos. A los pocos meses, me dijo que quería presentarme un estilo de chikong. Al principio no me interesó mucho, porque yo ya tenía mi propio método. Aun así, me invitó un día al Rosedal de Palermo para hacerme una demostración, y además me regaló tres libros escritos por su maestro. Aunque no practiqué ese estilo, sí aprendí algunas cosas interesantes. No sé por qué fue tan amable de compartirlo conmigo, pero nos hicimos buenos amigos. Solo puedo decir que fue otro encuentro positivo del cual aprendí.

Desde que estoy en Argentina, continuamente surgieron situaciones relacionadas con estas prácticas, de forma muy natural. Fueron muchas, imposibles de contar todas en este momento. Ya fuera en artes marciales o en el cultivo espiritual, siempre aparecía alguien dispuesto a enseñarme métodos muy valiosos. Como ya entiendo cuáles prácticas son más correctas, me concentro en profundizar en una sola para no perder el tiempo.

Me considero muy afortunado por haber tenido tantos benefactores que me han ayudado mucho. Por eso, comparto esta experiencia con todos ustedes, con la esperanza de que también puedan tener una vida llena de buena fortuna y plenitud.

-Mi maestro me mandó acá –dijo el Maestro-.. Ustedes tienen mucha suerte. Me lleva solo. No le pedí nada. Antes no le prestaba atención. Ahora que estuve charlando con mi yerno. Todos Grandes Maestros. En Taiwan, para nuestro idioma, un maestro renombrado de artes es como un ser luminoso. Tiene muy buena técnica de enseñanza. “Ming bai” que quiere decir luminoso. “Ming tzu” significa enseñanza. Las dos tienen misma pronunciación. Quiere decir que el maestro entiende perfecto lo que hace. Algunos tienen mucha fama, pero no lo hacen tan perfecto. Tienen que entender esto: que sea famoso no garantiza que tenga una comprensión profunda del arte. Pero si son nombrados como “ming” como luminoso, quiere decir que son más completos, más correctos. Por eso cada vez me doy cuenta de que he tenido suerte. Los maestros me han buscado solos. Siempre dicen que el discípulo debe buscar al Gran Maestro. La gente quiere buscar al maestro y no los aceptan. Yo les conté que estuve observando las clases de mi maestro por 1 año y 3 meses hasta que un compañero me presentó ante él. En este caso si se dío porque yo quería y lo busqué, pero en este caso fueron las palabras del maestro de Karate que me dieron la idea de esto para que yo buscara. Esas palabras me guiaron hasta alli. Un maestro no acepta tan fácil un discípulo. Por eso esperé a que alguien me presentara y asi pueda aceptarme. Primero observe 1 año y 3 meses. En mi casa practicaba Karate y en la plaza observaba el Pakua. De mi búsqueda de tantos maestros, ahora queda la semilla de todo ese conocimiento junto para ustedes. De diferentes semillas de cada maestro ahora estan juntas en lo que les estoy transmitiendo.   

-Maestro, ¿puede explicar a qué se refiere el Pakua? –preguntó una alumna –

-Pakua es el arte de la caminata circular. Tiempo atrás cuando practicábamos en la glorieta, tenía un alumno de tai chi que un día me pidió aprender pakua. Luego él viajó por nueve provincias de China, encontró solo un lugar de pakua, pero se dio cuenta que lo que practicaban allá no se comparaba con lo que había aprendido conmigo. Pobre mi maestro que si tuvo un linaje tan original y directo desde el fundador del estilo. Primero dos monjes enseñaron al maestro Tung Hai Chuan, quien ya tenía una formación marcial previa muy fuerte, era el más fuerte de todo su pueblo. Pero al ver a estos monjes se dio cuenta que no servía su conocimiento. Les solicitó que le enseñaran su arte. En los primeros siete años los monjes dijeron que tenía que caminar en círculos alrededor del árbol hasta que cada paso que diera lograra mover algo el árbol. Por su caminata, logró que la tierra se hundiera un metro. Por la fuerza de su pisada. Luego otros dos años le hicieron caminar formando un ocho, quiere decir dos árboles juntos.  Luego otros dos años practicaron formas de mano y armas. Y en este tiempo (dos años) aprendió todo. Por eso les digo que la base es tan importante. El practicó solo la caminata por nueve años ¿Para qué? Después de once años era más fuerte que todos.

¿Usted tiene más de diez años de practica? – le pregunta a un alumno, que contesta afirmativamente-.¿Ya es el más fuerte del mundo?

¿La base ya es suficientemente buena? ¿Ya es el mejor del mundo o todavía no? (risas).

-Todavía no muevo arboles – dijo el alumno y todos rieron.

-Por eso, si la base es sólida, uno se vuelve muy fuerte. La gente dice “¿tanto tiempo para practicar la base?”. Parece lento, pero en realidad practica más rápido. Quiere rápido, pero no llega. Tienen que entender esto. Por eso los antiguos decían: “Lento pero rápido” “Rápido, pero no llega”.

-¿La práctica era solo la caminata o hacían otros ejercicios? –preguntó una alumna –

-Al principio solo la caminata.

-¿Usted practicó todos esos años para obtener los detalles pequeños? –preguntó otra alumna.

-Yo practiqué 3 años solo la caminata. No nueve años como el maestro Tung ¿Por qué?

Mi maestro sabía que no tenía tanto tiempo para enseñarme, por eso no tuve que esperar tantos años. Me hizo hacer la ceremonia de Pai Tzu y comenzó a enseñarme las formas. Si él hubiera pensado que viviría cien años seguro que me hubiera hecho caminar los once años (risas).

-¿Cuántas horas por día caminaba usted? – preguntó otro alumno.

-Como minimo mil pasos cada mano. El maestro Tung Hai Chuan caminaba unas diez horas cada día. Por eso se volvió tan fuerte que podía con su mano quitar un ladrillo de la pared. Una vez alguien llevó arroz para vender y el al querer tomarlo lo volvió polvo. Tan fuerte era su técnica. Su fuerza era en comparación a su práctica.  Por eso tengo suerte. Ustedes tienen más suerte que yo todavía. Mi maestro me mando tan lejos de mi tierra para tirar las semillas aquí. Por eso hay que hacer una buena práctica. Sino mi maestro no se va a quedar contento. El con tanta fuerza me tiró para acá, hace ya cuarenta años. Por eso hay que aprovechar el tiempo.

Vamos a practicar.

—Resumen de las palabras del Maestro Chao Piao Sheng durante la clase del 2 de agosto de 2025. Prohibida su reproducción sin autorización del autor.
Desgrabación: Andrés Finkelstein.

Deje su comentario