40 años de la llegada del Maestro
Nov 9th, 2025 | By Editor | Category: Charlas con el MaestroHoy fue un día muy especial porque celebramos en la plaza el 40º aniversario de la llegada del Maestro a la Argentina. Angélica inició con la lectura de hoy:
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旅阿四十年的感觸
Reflexiones acerca de mis 40 años en Argentina
En primer lugar, quisiera agradecerles a todos por los afectuosos saludos que me hicieron llegar. Hace cuarenta años, tras haber recibido un sueño enviado por mi maestro, descendí, como si fuera un ángel, sobre este país. El 12 de octubre de 1985 llegué a la Argentina junto a mi familia. En total viajamos siete personas: mis tres hijas, mis padres, mi esposa y yo. Al llegar, nos dirigimos a la casa de un taiwanés para alojarnos temporalmente. Fue un momento de gran incertidumbre, donde solo meditaba, en silencio, cómo comenzar esa nueva etapa que se abría ante mí.
Paseando un poco por los alrededores, descubrí que a cuatro cuadras del lugar donde residía había un parque, así que empecé a ir allí todos los días para practicar tai chi, pakua y hsing-i. El ir y venir de la gente que pasaba a mi alrededor me tenía sin cuidado, ya que solo quería practicar para poder sobrellevar la soledad y el desamparo que sentía en mi interior.
Un mes después, alguien vino a buscarme a mi casa y me pidió que fuera a su escuela de kung-fu a enseñar los estilos internos que practicaba. En un primer momento, rechacé cortésmente la invitación, pero después de que me insistiera tres veces, finalmente decidí aceptar. Así fue como comencé a enseñar artes marciales y acumular experiencia. En esa época yo era muy sencillo y mi corazón estaba en calma; entonces, mientras enseñaba y practicaba, recibía en mi interior una inspiración tras otra. Y fue así, sin darme cuenta, que comencé a modificar las posturas y técnicas de la forma. Mi foco estaba puesto únicamente en sentir mis propios movimientos, y los iba ajustando de forma muy natural.
Dos años y medio más tarde, volví por primera vez a Taiwán. Al ver a mis hermanos de práctica superiores ejecutar la forma de tai chi chuan, me di cuenta de que era muy diferente a la manera en que yo la realizaba. Entonces me propuse descubrir por qué sucedía esto, es decir, qué era lo que marcaba la diferencia. Y entonces comprendí que había agregado muchos detalles pequeños a nuestra forma, lo cual hizo que los movimientos y las posturas resultaran diferentes. A continuación, intenté analizar la aplicación de cada movimiento, notando que todos eran más directos y rápidos que los que había aprendido originalmente. Vi que con una sola técnica era capaz de neutralizar a un oponente, y de esta manera confirmé que la aplicación de mis técnicas era correcta. Por lo tanto, seguí adelante con las modificaciones, hasta completar todas las formas de tai chi chuan, pakua chang y hsing-i chuan, llegando a las técnicas que ustedes practican en la actualidad.
Diez años después, finalmente comprendí la misión que mi maestro me había encomendado al enviarme a la Argentina. A partir de ese momento, se consolidó la afinidad que tengo con este país. Y en verdad fueron ustedes los que, de alguna manera, me trajeron a la Argentina, haciendo que formáramos esta afinidad tan entrañable que nos une. Tener discípulos y alumnos tan queridos como ustedes hace que sienta una alegría incomparable.
Si uno lo piensa, cuarenta años parece mucho tiempo, pero, sin embargo, pasaron muy rápido; cuando llegué a este país, aún era joven, y ahora ya soy un anciano de cabellos blancos. Me siento muy tranquilo y feliz, y mi único deseo es poder seguir acompañándolos para que continuemos creciendo juntos. Este es el sentimiento que me dejan estos cuarenta años en Argentina.
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-Cuando vine con mi familia, comencé a practicar en el Parque Centenario que estaba cerca de mi casa -dijo el Maestro-. Lo hacía muy concentrado, y pensaba que si estaba solo, sí o sí tenía que hacerlo muy bien, porque no había nadie que me enseñara, no tenía que olvidarme los movimientos, y con esa mentalidad practicaba todos los días, me estimulaba a mí mismo. Estaba tan concentrado que mi cuerpo comenzó a tener otras sensaciones, acomodaba y modificaba los movimientos acordes a mis sensaciones. En aquel momento no tomaba conciencia de la transformación que estaba realizando con mi práctica, pero con el tiempo vi los grandes cambios que se producían, es cuando adopté el concepto que les enseño siempre de “tonto de práctica”. No tenía idea de cómo se producían los cambios, pero yo seguía practicando. Por eso cuando practican veo que a veces copian los movimientos, y les digo que deben concentrarse en la sensación de su cuerpo, deben sentirse cómodos.
Luego de dos años y medio, fui a visitar a mis compañeros de Taiwan, más antiguos, y ellos estaban sorprendidos de los cambios de mi práctica, muy diferente a lo que ellos estaban haciendo. Yo no les había contado nada. En una oportunidad le pregunté por un movimiento a uno de mis compañeros de mayor experiencia, y lo que respondió no me gustó. No me sentía cómodo, entonces decidí seguir con mi propio aprendizaje. Cuando regresé a Argentina, me puse a pensar por qué era tan diferente mi práctica. Como les conté al principio, mi práctica era de una a dos horas por día. No parece mucho, pero al hacerlo muy concentrado los avances fueron notables, en la sensibilidad, en la técnica del cuerpo, todo salìa solo. Por eso los estimulo siempre a que practiquen muy concentrados, para que tengan avances incalculables. Cuando comencé mis prácticas de Taichi, Pakua, Hsing-i, lo hacía siguiendo a mis compañeros y no sentía cambios muy importantes. Fue aquí en Buenos Aires en donde logré los avances más importantes. Por eso ustedes practiquen los sábados en grupo con sus compañeros, pero en sus casas practiquen muy concentrados, para que el sábado siguiente, pregunten sus dudas y así avanzan más rápido, y aprovechan el tiempo.
Cuando están solos, deben practicar como yo, muy concentrados, prestando atención a las sensaciones, a que se sientan cómodos. Si practican mirando a otro, sólo ven lo externo, y pueden interpretar en forma incorrecta el ejercicio. Solo viéndolo internamente, concentrados en las sensaciones, pueden realizar correctamente la práctica. Un gran Maestro enseña que cuando intentan realizar alguna práctica, tienen que hacerlo con el maestro interno.
Luego de presentar a Damián, un compañero antiguo que se reincorporó a la práctica, el Maestro continuó:
-En la vida siempre tienen que aprender en forma continua, sobre todo en forma interna, sin límites de aprendizaje. Desde aquí es donde se conectan con el Universo, aprenden en forma correcta, serán felices, con fe en sí mismos, y así será más válida la práctica.
Desde Taiwan vine con mi familia, en total éramos 7 personas, con 14 valijas, que excedían el peso permitido para el viaje, porque traía discos de peso para hacer Shi Sue Kong, ollas eléctricas, etc., y a pesar de que podían traernos inconvenientes en los aeropuertos de Taiwan y de Buenos Aires, no tuvimos ningún problema y cuando llegué a esta ciudad, fue todo como lo había planeado. Con el tiempo me di cuenta de que el Sukong me estaba guiando y protegiendo para que lleguemos bien, para cumplir su mandato.
Por eso cuando ustedes hacen Paizu, yo traigo la foto del Sukong para que su espíritu los acompañe como me guió a mí. No es sólo una imagen, es el espíritu presente con su guia y protección real. Si sus mentes están conectadas con su espíritu, no solo en esta vida, sino en todas las vidas siguientes-.
Los primeros tiempos vivíamos los en una habitación. Era muy incómodo. La vida diaria fue muy dura los primeros meses, sin saber el idioma ni cómo manejarnos en los quehaceres diarios. Comíamos solo un kilo de pan todos los días, con mayonesa y dulce de leche, porque era lo que nos gustaba, también algo de arroz que cocinábamos en la olla eléctrica y verduras. Mis padres obtuvieron la residencia, pero al poco tiempo regresaron a Taiwan porque no se pusieron adaptar.
Todas estas dificultades, nos fortalecieron, y pudimos soportar esos primeros años duros.
Yo vine por primera vez solo, en enero de 1985. Con ayuda de un compatriota, pude conseguir algunos pacientes para hacerles acupuntura, e interpretaba por medio de un diccionario. Esto permitió que, cuando regresé nuevamente con mi familia, a los pocos días, pude retomar la atención de pacientes.
Luego de todo lo que les conté, se pueden dar cuenta de la afinidad que tenemos en el grupo, se dieron todas las circunstancias para que hoy estemos todos juntos y tan unidos, facilitando el camino de encontrar nuestro sentido de vida. Ampliamos nuestra afinidad para que en la próxima vida sea todo más fácil y tener relaciones más estrechas y más espirituales.
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Resumen de las palabras del Maestro Chao Piao Sheng durante la clase del 18 de octubre de 2025. Prohibida su reproducción sin autorización del autor.
Desgrabación: Sergio Arakaki.





