El interior se refleja en el exterior

Mar 5th, 2026 | By | Category: Charlas con el Maestro

心性暗藏著福氣

Hoy quisiera continuar con el tema que hablamos la semana pasada. Se puede lograr una apariencia positiva cultivándola desde el corazón. En otras palabras, podemos decir que la propia mente de alguna manera «esculpe» la fisonomía de una persona. Las intenciones que guardamos en el corazón constituyen el verdadero fong shuei de nuestro cuerpo. Cuando se alberga compasión, el rostro naturalmente se suaviza; cuando se guardan pensamientos bondadosos, pareciera que en nuestro rostro brillara una luz propia. Con relación a esto, sería interesante que nos hiciéramos la siguiente pregunta: ¿Por qué algunas personas, aunque sus rasgos no sean especiales, resultan igualmente atractivas para los demás? Hay que entender que el hecho de tener un rostro bondadoso está relacionado con la buena afinidad. Son personas que no se apresuran ante los problemas, que tienen un corazón flexible y que tratan a los demás con amabilidad. Por el contrario, también hay personas que por fuera pueden parecer muy atractivas, pero que, sin embargo, cuanto más se las mira, menos agradables resultan. La razón de esto es que la naturaleza interior de dichas personas no es buena. El aspecto interior se ilumina con las buenas intenciones y hace que quien lo vea sienta alegría; eso es crear por uno mismo una apariencia afortunada o positiva. No es algo con lo que se nace, sino algo que se va cultivando al tener pensamientos bondadosos.

No es bueno que permitamos que nuestras emociones se desborden para intimidar a los que nos rodean: en general, el primero en salir herido es uno mismo y, además, se destruyen los vínculos con los demás. En este mundo nadie debería cargar con la ira de otro; eso solo trae desgracias a uno mismo. Perder los estribos lo puede hacer cualquiera; sin embargo, la verdadera habilidad consiste en lograr vivir sin herir al prójimo, evitando que se abran distancias entre familiares o amigos. Debemos pensar que aquellas personas que nos resultan desagradables a la vista pueden ser, quizá, el reflejo de nosotros mismos, porque nuestros ojos miran hacia afuera y ven todo tipo de personas, sin caer en la cuenta de que nosotros mismos somos una de ellas. Por eso hay que cultivarse y refinar el carácter: la fortuna y la desgracia provienen, finalmente, de nuestra propia mente. Si practicamos bien la moral, cultivaremos méritos; si albergamos compasión en nuestro corazón, cultivaremos sabiduría. Solo si cultivamos ambas cosas lograremos tener una vida completa.

Ahora bien, ¿cómo se logra el cultivo personal y del carácter? Primero es necesario practicar el control de la mente, lo que exige observar con gran sutileza cada cosa que nos rodea. Sin embargo, la mente no es fácil de controlar, o, dicho de otro modo, no es sencillo alcanzar un buen nivel de concentración. Para lograrlo, se requiere pasar por un proceso de práctica. Nosotros utilizamos la forma de tai chi chuan, concentrándonos en cada pequeño movimiento de transición, es decir, realizando completamente los detalles pequeños, lo que produce efectos inesperados. Aquí me refiero a la frase que siempre suelo decirles: «uno para todo». Al prestar atención a los detalles pequeños, no solo somos capaces de controlar la mente, sino que también nutrimos nuestra compasión. Quien lo haya logrado sin duda habrá tenido esa experiencia, porque cuando la mente es simple y se encuentra concentrada, puede acercarse a la conciencia espiritual; así se puede distinguir con claridad lo bueno de lo malo, percibiendo uno mismo los propios movimientos que no están bien y corrigiéndolos. Esto es lo que llamo, en el nombre de nuestro estilo, «miao yong», es decir, el uso o aplicación refinado de los detalles pequeños.


Palabras del Maestro Chao Piao Sheng durante la clase del 28 de febrero de 2026. Prohibida su reproducción sin autorización del autor.
Traducción al castellano: Andrés Coratella

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