Mis comienzos en las artes marciales

Sep 5th, 2026 | By | Category: Charlas con el Maestro

—En un principio, antes de practicar Tai Chi, Pakua y Hsing I, yo practiqué Karate —dijo el Maestro—. Mi maestro de ese entonces, en una charla, me comentó lo siguiente: «la técnica circular es la más fuerte». Eso quedó grabado fuertemente en mi cabeza. A partir de ahí, empecé a pedirles a mis amigos que me ayudaran a encontrar a alguien que enseñara la técnica circular. Luego de dos meses, alguien me dijo que había un Maestro en la Plaza de Taichung que enseñaba Pakua. A lo cual pregunté: ¿Qué es Pakua? Es caminar el círculo, me explicaron.

Dejé el Karate y empecé a ir todos los días a ver las clases a la plaza, solo a mirar; antes, si uno quería practicar con un Maestro, debía ser presentado por alguien de confianza. Entonces le pedí a uno de sus alumnos que me presentara, pero este muchacho me sugirió que esperara a una persona a la cual el Maestro le tenía mucho respeto: si esa persona me presentaba, había más oportunidad de que me aceptara.

Pasó un año y tres meses y el señor no aparecía; yo seguía yendo a ver las clases, por lo cual le pedí al muchacho que me presentara un día que vi al Maestro de buen humor. El Maestro me hizo muchas preguntas respecto a mí y a mi familia, para asegurarse de que yo no tenía malas costumbres, y ese día empecé a aprender con él.

Yo iba una hora antes de la clase; el Maestro aún estaba en su práctica, yo lo saludaba y empezaba mi práctica en solitario. Durante tres años solo caminé el círculo: él me pedía 400 pasos por lado, pero yo hacía 1000. Primero sentía cansancio, luego pasaron varias sensaciones por mi brazo: adormecimiento, calor, frío. La gente pasaba y me decía que mi Maestro se escondía para verme practicar; gracias a eso, luego de 3 años, me aceptó como discípulo.

Lectura de la semana.


天生不足,後天來補
El perfeccionamiento de la vida

En este mundo es muy difícil encontrar a una persona que sea perfecta en todos los aspectos. Esto es así porque, para llegar a la perfección, es necesario haber practicado y haberse cultivado interiormente durante innumerables vidas. Cabría preguntarse, entonces, ¿por qué, en mayor o menor medida, siempre existe algo de imperfección en nuestra vida? La respuesta es que esa imperfección es la que nos permite aprender y mejorar, porque si todo fuera perfecto, no habría nada que hacer, nada nos motivaría. Fíjense que, como mínimo, es necesario preparar los alimentos de las tres comidas diarias, día tras día; si no se sale a buscarlos, o si no se cultivan, no habría nada para comer.

Una vez resuelto lo más básico, tal como la comida diaria, uno piensa en el siguiente paso. Cada vez que se resuelve un asunto, se pasa a imaginar el siguiente, continuamente, mejorando y avanzando sin fin: así es como se ha desarrollado la tecnología de hoy. Ahora bien, ¿podemos decir que el ser humano está satisfecho? No, no lo está y, de hecho, nunca lo estará. Así es la insaciable codicia humana, que irremediablemente desembocará en la ruina. En otras palabras, el ser humano cosechará lo que él mismo ha sembrado. Después volverá nuevamente a una vida sencilla y pura, marcando el comienzo de un nuevo ciclo. Pero entonces, ante esto, ¿cómo deberíamos actuar? Debemos practicar muy bien tai chi chuan, concentrarnos en los aspectos del cuerpo y de la mente, y no dejarnos contaminar por las tendencias y las corrientes de las costumbres sociales. En esto radica la importancia de practicar los detalles pequeños que siempre les comento.


—Al nacer no somos perfectos ni completos; para completarnos en esta vida hay que luchar —dijo el Maestro—. Por ejemplo, yo era el más bajito de todos mis hermanos, crecía muy lento. Hacía de todo para crecer en altura, practicaba varios deportes y casi no crecía; sin embargo, muchos otros chicos, en las vacaciones, podían crecer hasta 10 cm sin hacer nada. Sumado a esto, en mi casa éramos muy pobres. Por eso me dediqué fuertemente a la práctica.


Palabras del Maestro Chao Piao Sheng durante la clase del 29 de agosto de 2026.
Prohibida su reproducción sin autorización del autor.
Traducción al castellano: Andrés Coratella.
Desgrabación: Eugenio Fontana.

Deje su comentario