Captar la esencia

Mar 29th, 2011 | By | Category: Charlas con el Maestro

El domingo pasado fuimos con el Maestro a un parque de Nuñez a practicar.

-¿Cuál es el sentido de la meditación?- preguntó el Maestro. -Meditamos para aquietar la mente. Cuando la mente queda quieta podemos conectarnos con el Universo. Al final de nuestro recorrido en este mundo tenemos que volver allá, al Universo, que es de donde venimos. Estamos de paso en la Tierra; vivimos y aprendemos aquí, pero no estaremos aquí para siempre. No conviene que vivamos aferrados a las cosas del mundo.

-¿Qué puedo hacer cuando me distraigo durante la meditación y la mente se va? -preguntó Sara.

– Recitar el mantra ayuda a recuperar la concentración. La meditación es necesaria para toda la gente; no es para cierto tipo de personas. Todos necesitamos conectarnos con el Universo, acercarnos a Dios. Debemos preguntarnos ¿de qué estoy cerca yo? Cuanto más profunda es la práctica meditativa, más nos damos cuenta del sinsentido y la locura que nos rodean. No se trata de escapar de la realidad cotidiana y las obligaciones, sino de ver la vida desde otra perspectiva. Aunque no me guste demasiado, necesito trabajar para mantenerme y lo hago, pero cuando tengo tiempo, medito para limpiar mi mente del ruido del mundo.

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-Maestro, hace unos días usted dijo que ninguno de sus alumnos había captado la esencia de su enseñanza. También dijo que uno puede practicar muchos años sin llegar a captar jamás esa esencia. ¿Cómo hizo ustede para captar la de su Maestro y cómo es que se manifiesta? ¿Cómo uno puede percibir esa esencia o saber al menos que va por buen camino? -pregunto Damián.

-Cuando dije que nadie había captado la esencia de mi enseñanza lo hice para motivarlos a entrenar más concentrados; a prestar mayor atención a los detalles más pequeños, ya que son fundamentales para poder captar la esencia del arte. Uno puede entrenar toda la vida sin concentración y no lograr resultado alguno- dijo el Maestro. -También hay que concentrarse cuando se hacen los 20 ejercicios, que están basados en el taichi chuan y el pakua chang. Uno puede usar el pakua o taichi en cualquier otra actividad. Pocos se dan cuenta de esto. Por eso, la gimnasia que hacemos al principio y la primera forma de taichi chuan hay que aprenderlas muy bien. Si se entiende bien la primera parte, las demás salen solas.

-Mi maestro, si no prestábamos suficiente atención, nos daba un buen golpe en la cabeza.  El mostraba las cosas tres veces y si seguíamos haciendo las cosas mal, pum, golpe en la cabeza.

-Yo iba a la clase de mi maestro en moto. Un día llegué tarde y, con el apuro por incorporarme al grupo, olvidé quitarme el casco. Al verme, mi maestro me dijo muy divertido «hoy vino con casco para que no le pegue en la cabeza».

-Acá es diferente; hay otra cultura y yo no puedo enseñar de la misma manera. Pero el método de mi maestro hacía que nos esforzáramos por captar su enseñanza. Esos coscorrones me despabilaban y hacían que mi mente volviese a enfocarse, prestando más atención a los detalles pequeños.
Veo que hay mucha gente sin disciplina, que no hace muchas cosas porque «no le gusta». Esa es una forma de pensar equivocada. Hay que ser disciplinados y hacer lo correcto aunque a veces no nos guste mucho. Hay que obligarse a uno mismo a llevar a cabo las cosas que hay que hacer.

-La percepción de la esencia viene con la experiencia. Cuando uno tiene más y más entrenamiento, en principio siente un cambio en la práctica de algunos ejercicios aislados. Los movimientos son más fluídos y armónicos y los golpes son más potentes, pero sin perder la relajación. Luego, durante la ejecución de la forma uno comienza a lograr esa armonía y potencia en todos los movimientos. En el tui shou se consigue aplicar las técnicas de manera contundente y precisa. Esos cambios indican que se está captando la esencia.

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-Maestro, usted dijo que todos tenemos una misión en la vida ¿Cómo puedo descubrir cuál es la mia? -preguntó Sergio.

-La misión y el pago del karma suelen ir juntos. Muchas veces uno cumple su misión en la vida y a la vez paga deudas karmáticas. La misión tiene que ver con servir de alguna manera a los demás, a la comunidad, a la humanidad.

– ¿Y cómo descubre uno su misión? – preguntó Sergio.

– La misión tiene que ver con esas cosas para las que uno tiene cierta facilidad. Todos tenemos algún talento o vocación. Hay que tratar de cultivar ese talento y ponerlo al servicio de la humanidad. A veces uno siente que tiene talento para algo y trata de llevarlo a cabo, pero descubre que los demás no lo aceptan. No se produce una buena afinidad con la gente, que no acepta lo que uno está ofreciendo. Esa es señal de que nuestra misión va por otro lado.
-Pero no hay que tener una profesión especial para cumplir una misión. Si uno es ingeniero o albañil o electricista puede cumplir una misión, pero si no se tiene un oficio también se puede cumplir una misión, ayudando a otros de mil maneras diferentes.  Lo importante es la actitud de amor y compasión hacia los que necesitan ayuda.

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-Siempre les digo que hay que estar cerca de la Naturaleza y aprender de ella. Hay que aprender a plantar y cultivar alimentos para poder sobrevivir en caso de necesidad. Esto también ayuda a reconocer qué plantas se pueden comer. El que no sabe puede pasar frente a una planta de papa o de zanahoria o de batata sin darse cuenta que bajo la tierra está el alimento. Un alumno mio que plantaba papas obtuvo un kilo de papas de una sóla planta.
-Lamentablemente, la vida moderna nos fue alejando de la naturaleza y hoy muy poca gente sabe cómo cultivar sus alimentos. La mayoría sólo sabe ir al supermercado y comprar ahí. ¿Qué pasa si por algún desastre se produjera desabastecimiento?

-La Fundacion Tzu Chi trata de ayudar cuando se produce algún desastre natural en cualquier parte del mundo. Una vez un voluntario llamó a la fundación en Taiwan para pedir consejos. Sucedía que en su país habían ocurrido varios desastres, tanto en la ciudad como en la montaña y quería saber dónde había que ir primero a ayudar. Desde la Fundación le respondieron que primero había que ayudar a la gente de la ciudad. ¿Por qué? Porque la gente de la montaña tiene una vida más dura y está mejor entrenada para enfrentar los desafíos de la naturaleza. En cambio, la gente de la ciudad perdió todas esas destrezas y es más vulnerable. Por eso, primero hay que ayudar a los de la ciudad.

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-A veces percibo señales sobre cuál es mi misión en la vida y no sé si esas señales son válidas o si es una ilusión. ¿Cómo discernir si las señales que percibo son válidas o no? -preguntó Sergio

-Poniéndolas a prueba en la práctica – respondió el Maestro. -Hay que probar, siempre con prudencia y sin poner en peligro a uno mismo y a la propia familia. Probar de a poco si eso que creemos que es nuestra misión, realmente lo es. Y sin descuidar los detalles pequeños, que son los que van a dar solidez a nuestro camino.

-Recuerden que es más importante aprender en profundidad una sóla cosa que aprender mil cosas superficialmente. Porque si comprenden una cosa en profundidad, luego podrán comprender las mil cosas.

-A veces escucho gente que se lamenta «estuve tantos años practicando con un maestro y creo que no aprendí nada». Por eso, lo más importante es que cada uno se pregunte «¿qué es lo que quiero?».  Un alumno una vez me dijo «tengo un amigo que empezó a practicar en la misma época que yo en otra escuela y ya está enseñando. En cambio, yo todavía estoy en la primera parte de la forma». Pero ese alumno, tiempo más tarde me contó que sentía haber logrado una comprensión mucho más amplia del taichi chuan y de la vida que su amigo que ya está enseñando. Sentía que el haber ido lentamente le permitió profundizar en los detalles pequeños y así descubrir cosas que, yendo rápido, jamás habría conocido.

-Por eso siempre les digo que practicamos para toda la vida. Esto no es como esos seminarios o instructorados de 6 meses que habilitan para enseñar. ¿Qué cosa valiosa se puede enseñar habiendo «aprendido» en un curso de 6 meses? Esa no es la manera correcta de enseñar. Primero hay que aprender con disciplina, paciencia y concentración. Si aprenden de esta manera en la próxima vida lograrán un nivel mucho más alto.
Ojalá que algún día ustedes estén preparados para enseñar mi arte como una herramienta para cultivar el espíritu. Si enseñan de esa manera, su nivel subirá junto con el de sus alumnos. Como un barco que sube al mismo tiempo que sube la marea y siempre se mantiene arriba. Los alumnos son el agua, el maestro es el barco.
El que no aprendió bien y se pone a enseñar es como un barco averiado; sube el agua, pero el barco se hunde.

-Yo quiero que ustedes aprendan bien para que sean buenos maestros y se eleven al mismo tiempo que se elevan sus alumnos

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Primera parte de la charla del Maestro Chao Piao Sheng durante la jornada del 27 de marzo de 2011 en el Parque de los Niños.
Ver segunda parte

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